DON'T STAND SO CLOSE TO ME
Parece ser que los teléfonos móviles exasperan al
más pintado. Especialmente los que llevan
"cámara".
Digo ésto porque mi héroe particular (no
sé si un cantante puede ser calificado de "héroe",
pero la frase me ha quedado chula) decidió irse a hacer
snowboard en la superpija estación de Cortina D'Ampezzo, y
fue atacado indiscriminadamente por los teléfonos
móviles y las jodías fotos.
Sting estaba tan ricamente haciendo sus piruetas (no será
malo exponer tanto el cuerpo...a los casi 54 años???) y es
de suponer que más de una vez vió rodar su agusta
figura por el suelo. Vamos, que se tragó la nieve. Lo del
snowborad debe ser complicado de narices.
Hete aquí que los desaprensivos turistas, cargados de
teléfonos móviles con cámara de varios
millones de megapixeles de esos (con el pijerío
que se ve en esos pagos, seguro que de muy alta
resolución) se explayaron tomando fotos de las
caídas. Vamos, que le hicieron un reportaje enterito y por
la cara.
Las instantáneas seguro
que no tendrían nada que ver con las publicadas por la
revista "Hello" (Sting con ropa de ski de
diseño, mono negro de arriba a abajo, tabla de snowboard
bajo los pies y cara de cabreo constante, vamos, jartito
ya de la gente).
El solista no se esperaba ser foco de tan desmedida
atención, y claro, el hombre empezó a mosquearse
gravemente.
Resulta que el viajecito le había costado 15.000 libras
(multipliquen por euros, mis queridos oyentes) debido a que se
llevó a toda su descendencia, a su mujer y a unos amigos al
jaleo invernal. Por semejante precio, bien se puede comprar la
tranquilidad, pero no fue así. Desde el primer
día, él y su parentela sufrieron el
coñazo de las fotos en la pista, en las tiendas y
en los restaurantes. Un fan desaprensivo se atrevió incluso
a sacarle una foto saliendo de la sauna del hotel... y es que algunos
se llevan los teléfonos incluso al WC, por si acaso pillan a
Beckham en los urinarios.
Ante semejante ataque, se volvió poco menos que loco. El
director del Hotel declaró que el asedio esqueríl
era normal, y que dado la cantidad de celebridades que van a Cortina,
cada dos por tres la gente toma fotos de Brad Pitt y de unos cuantos
miembros de la realeza escorromoñándose
contra la fria nieve . Nadie hasta ahora se había
puesto tan borde con los presentes.
El pobre hombre sólo encontró consuelo en su
instructor de Snowboard, un santo llamado Alberto Belfi:
"Venía a las clases totalmente sereno y tranquilo, pero la
gente no le dejaba en paz".
Así que el viaje se redujo a dos días y todos se
volvieron a Venezia, donde terminaron las vacaciones familiares.
Ya lo dijo el ilustre Juneval en su epigrama. No hay verdadera riqueza
si esta no sirve para comprar la tranquilidad.
Si al menos hubiera venido a Granada...